La respuesta de los profesionales sanitarios ante la tragedia de los trenes de Toledo merece todo el reconocimiento. Los médicos y enfermeros que atendieron a las víctimas se dejaron la piel cumpliendo con su deber. Sin embargo, esta situación pone de manifiesto una realidad incómoda: el sistema de salud español ve cómo desaparecen progresivamente sus fortalezas institucionales.
El reconocimiento no es suficiente
Aplaudir el trabajo de los sanitarios es necesario y justo. Pero la coherencia exige ir más allá. No basta con celebrar el heroísmo individual si simultáneamente permitimos que se deteriore la estructura que hace posible esa respuesta. Los profesionales que actuaron en Toledo lo hicieron a pesar de las limitaciones, no gracias a ellas.
Cuidar lo que funciona
La pregunta fundamental es si estamos dispuestos a cuidar y reforzar el sistema sanitario que permite que estos profesionales respondan con excelencia en momentos de crisis. Mantener la calidad de la sanidad pública requiere inversión, recursos y reconocimiento sostenido, no solo aplausos puntuales cuando ocurren tragedias.

